martes, 20 de mayo de 2014

Mayo de 1810 y la formación de la Nación Argentina

[Vamos! Nº28]  Nuestra Revolución de Independencia. El 25 de mayo de 1810 se inició un largo proceso de revolución y guerra por nuestra independencia. Pero ¿qué era lo que se independizaba? ¿Existía ya una nación argentina? Por Ulises Granda



La revolución no fue mito
Durante largos siglos los americanos aprendieron bajo la dura dominación de la Corona española que eran un otro, distinto de los peninsulares y oprimido por las autoridades imperiales y sus mandaderos. Unas identidades vagamente nacionales se desarrollaron mediante ese sojuzgamiento. Esto fue válido tanto para los criollos –incluidos los terratenientes y los grandes comerciantes- como para las castas/clases explotadas -originarios, mestizos, negros, etc.-. Pero desde el comienzo la patria no fue exactamente lo mismo para unos y otros.
Las condiciones externas favorables, con la ocupación francesa de la metrópoli, ayudaron a que la contradicción incubada en el Río de la Plata emergiera aquel 25 de Mayo de 1810 a través de la destitución del virrey Cisneros y el ascenso del primer gobierno patrio, la Primera Junta. Aquella época, de las revoluciones burguesas, hacía posible los anhelos de libertad. Los largos años de guerra (1810-1824) contra el colonialismo español -que no se resignaba- y la experiencia de lidiar con la injerencia de otras potencias europeas -que pretendían tomar su relevo- hicieron el resto. El parto de la nación se consumó. Debido a las vacilaciones de la élite criolla, recién en 1816 se declaró la independencia “del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli”. Tras algunas tensiones, en la declaración se terminó aclarando: “y de toda otra dominación extranjera”. Un poco antes, el director de las Provincias Unidad, Carlos María de Alvear, había intentado negociar la conversión en un protectorado británico.

La patria arriba y abajo
La conciencia nacional en la clase de los latifundistas y grandes comerciantes criollos se reducía a su interés por acceder plenamente al poder político, abrir el comercio y reforzar sus posiciones. Así buscaron que la independencia se consiguiera con un mínimo costo en términos de transformaciones sociales. Esto para ellos significaba: continuidad del monopolio de la tierra, de la sujeción del campesinado, de la esclavitud del negro, etc. y también estrechar relaciones con las potencias industriales europeas.
Para los sectores populares -campesinos, artesanos e intelectuales jacobinos, entre otros- se trataba en cambio, de manera más o menos consciente, de que la revolución debía barrer más a fondo: reparto de tierras -como planteó José Gervasio Artigas-, fin del esclavismo, igualdad de las castas, unión confederada. También propusieron desarrollar las fuerzas productivas y no fiarse demasiado de los “chiches y abalorios” ingleses. Así lo expresó Mariano Moreno en el Plan de Operaciones; y Rodríguez de Francia y los López lo impulsaron de hecho en el Paraguay.
La incipiente oligarquía criolla no sólo se opuso a eliminar la herencia feudal-esclavista del período colonial, sino que arriesgó el propio objetivo de la independencia en aras de no ser desbordada por las masas populares. Esto se graficó, entre otros hechos, en la política que Buenos Aires se dio hacia Artigas y sus fuerzas: negativa a incorporar los delegados orientales en la Asamblea de 1813 y repetidas traiciones, primero en combinación con los realistas de Montevideo y luego con los portugueses.
Hegemonía y después…
La lucha de líneas en el campo independentista se saldó en definitiva con la hegemonía de los sectores oligárquicos, con la derrota del grupo de Moreno y luego el aniquilamiento de las fuerzas de Artigas. Se efectivizó la independencia, pero sin transformaciones sociales de fondo. Aunque hubo más “desórdenes” y “revueltas” de las que los latifundistas y comerciantes asociados hubieran preferido. ¿Qué significó todo esto para la formación de la nación argentina?
La consolidación de la estructura latifundista mantuvo el esquema primario-exportador heredado. Se trabó el posible desarrollo manufacturero; no sólo por la competencia de las mercancías europeas importadas sino también por la atrofia del mercado interno debido a la perpetuación o reinstalación de relaciones feudales, (con la traba a la formación de un mercado de mano de obra libre). Imperó la fragmentación política y se redujeron los márgenes de autonomía frente a potencias como Inglaterra y Francia (por ejemplo, las ventajas comerciales que se les asignaron o la impotencia frente a la usurpación de las Malvinas en 1833). Todo esto generó aquí condiciones muy débiles para el desarrollo de procesos de acumulación originaria del capital.

Consecuencias en la formación nacional argentina
La hegemonía oligárquica imprimió sus características en el proceso nacional. El Estado argentino se consolidó tardíamente (recién hacia 1880) y en relación asociada y subordinada con potencias imperialistas y sus inversiones. Se afirmó un Estado nacional oligárquico-imperialista que rechazó, subestimó o desvirtuó todo lo verdaderamente argentino y latinoamericano. Intentó imponer la idea de una “nación blanca” compuesta de “europeos trasplantados”, aplicó un liberalismo rancio y reaccionario, y tras la fachada republicana restringió al máximo la participación política. Abrazó “lo europeo” con entusiasmo pero denostó a los inmigrantes pobres de ese origen, igual que lo había hecho con los gauchos y los originarios.
Pero frente a ese Estado nacional oligárquico-imperialista y ese nacionalismo elitista y descentrado, la clase obrera y los sectores populares levantaron, desde las luchas, su propia perspectiva de la Nación Argentina. En eso seguimos…