martes, 9 de abril de 2013

La península coreana, “zona caliente”

[VxL Nº2]
Las permanentes provocaciones yanquis contra la República Popular Democrática de Corea y la respuesta de ésta a los imperialistas de Washington y sus socios de Corea del Sur caldearon abruptamente el clima político regional y mundial.
A comienzos de febrero Corea del Norte realizó un nuevo ensayo atómico, respondiendo a las maniobras militares conjuntas de EEUU y Corea del Sur y a las sanciones impuestas a Norcorea por las Naciones Unidas.

Se caldearon abruptamente el clima político regional y mundial. Los yanquis y otros imperialistas salieron rápidamente al cruce a la “amenaza nuclear” norcoreana, y bombarderos estratégicos norteamericanos B-52 con sede en la isla de Guam (Océano Pacífico) desplegaron desde Corea del Sur ejercicios intensivos de ataque nuclear contra objetivos en Norcorea (República Popular Democrática de Corea, RPDC).

Desde la capital Pyongyang, el gobierno norcoreano anunció que su ejército está “en posición de combate” y que sus cohetes de largo alcance apuntarán a objetivos en territorio de Estados Unidos y a las bases militares yanquis en Hawái y Guam en el Pacífico.

Los imperialistas y la ONU: “doble rasero”.- Las potencias imperialistas —EEUU, Gran Bretaña y Japón— condenaron la prueba nuclear de Pyongyang. 

El Consejo de Seguridad de la ONU impuso sanciones a Corea del Norte por sus ensayos atómicos, sin decir palabra sobre la sistemática militarización de la zona por los imperialistas de Washington, que reforzaron sus aprestos bélicos en la zona enviando aviones de guerra, un buque destructor y un sofisticado sistema antimisiles. Hasta el 30 de abril yanquis y surcoreanos llevan a cabo “ejercicios” militares conjuntos, incluyendo ensayos de fuego real de vehículos de combate y helicópteros. Todo, desde ya, en nombre de la “defensa” frente a la supuesta “ofensiva belicista” de Corea del Norte.

El Tratado de No Proliferación nuclear (TNP) no impone la destrucción de los tremendos arsenales que las potencias imperialistas ya poseen: sólo prohíbe las pruebas, garantizando así el monopolio de las armas “de destrucción masiva”. EE.UU, China y Rusia son parte de ese pacto monopolista de las grandes potencias sobre los arsenales atómicos.

La situación es compleja. En la situación tallan no sólo intereses locales de ambas Coreas, sino principalmente la agresividad del imperialismo yanqui golpeado por la crisis económica mundial, y las posiciones estratégicas de los imperialistas China y Rusia (que junto con varias repúblicas centroasiáticas forman parte de la Organización de Cooperación de Shanghai).

El nordeste asiático se convirtió en una de las “zonas calientes” del planeta.

Decisión de lucha contra la provocación imperialista.- EEUU y Corea del Norte, en la letra, aún están en guerra: la invasión yanqui en 1950 terminó en 1953 con un armisticio, no con un acuerdo de paz: la superpotencia no pudo derrotar al pueblo coreano, pero sí logró —con la complicidad de sus aliados imperialistas mundiales y de la ONU— dividir la península en dos Coreas (del Norte y del Sur), y convertir a Surcorea en un apostadero de armas atómicas de los EEUU. 

La situación se ha agudizados en las últimas horas ya que Corea del Norte anunció que no garantiza la seguridad de las embajadas y sugirió a sus aliados a abandonar las sedes diplomáticas.

EEUU y China en el tablero estratégico regional.- En un mundo cuyo eje económico y político se inclina crecientemente hacia China, los yanquis -debilitados por la crisis económica mundial- buscan compensar su retroceso económico apelando a su gran poderío militar. Durante el último año el gobierno de Obama reorientó sus prioridades estratégicas hacia Oriente, aceleró la trama de alianzas regionales para cercar a China y reiteró sus provocaciones contra Norcorea.

Aunque Beijing, que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, mantiene su alianza y sigue siendo el principal socio comercial de Pyongyang, los jerarcas chinos tienen una posición ambigua respecto a lo que los imperialistas llaman la “amenaza” nuclear de Norcorea. Y también de Irán. En la medida en que sus rivales yanquis siguen tejiendo su cerco de alianzas políticas y militares en torno a China, los dirigentes de Beijing acentúan su estrategia de “ascenso pacífico” y se ubican como “mediadores” entre los matones imperialistas y esos países del “tercer mundo”.

Desde la restauración capitalista a fines de los ’70, los dirigentes chinos dejaron de denunciar —como sistemáticamente lo hacía la China socialista— al imperialismo como la principal amenaza de guerra y principal peligro de utilización de armas nucleares del mundo.

Corresponsal